"Es una sorpresa", dicen las Hijas de la Caridad al llevarse el José Castiñeira
Lun, 10/26/2026 - 10:07
Su compromiso con la discapacidad se mantuvo durante los últimos 42 años, día tras día, a través de su labor callada en el centro de discapacitados San Vicente de Paúl, junto al campus lucense. Por eso mismo, este premio José Castiñeira de Humanidades —adjudicado por el Orfeón Lucense, la diócesis de Lugo y la familia Castiñeira— a las once monjas de la congregación de las Hijas de la Caridad, cogió a la comunidad por sorpresa. Era algo con lo que no contaban, pero ahí está.
"Fue una sorpresa total. No nos lo esperábamos y queremos mostrar nuestro agradecimiento por reconocer nuestro trabajo", decía este miércoles la superiora de la congregación, sor Guadalupe de la Cruz González.
Un galardón que se entregará el próximo domingo, a la una de la tarde, coincidiendo con el aniversario del musicólogo, profesor y canónigo lucense, inmediatamente después de la misa en la catedral en su memoria y en el claustro de la basílica, donde también se hace la anual ofrenda delante de la tumba del fundador del orfeón.
72 USUARIOS. Las Hijas de la Caridad, que llegaron a Lugo en 1879 para hacerse cargo del Hospicio de la Beneficencia, gestionan desde 1984 el centro San Vicente, para discapacitados psíquicos, que dispone también de régimen de internado, en el que son atendidas 72 personas con edades comprendidas entre los 20 años de la más joven y los 89, de la más mayor.
"Solo 4 personas van a dormir a casa. El resto está en régimen de internado. Aquí les ofrecemos todo tipo de terapias y también actividades de ocio y un centro ocupacional, en el que participan 26 usuarios y donde se hacen velas, jabones y bolsas de papel", explica la madre superiora.
11 MONJAS. Un total de once monjas forman parte de la congregación actualmente en Lugo, todas ellas españolas. La más joven tiene 50 años y la mayor, 88.
"La mayoría estamos en el centro de discapacidad, pero hay tres hermanas que se ocupan también de la cocina del comedor social San Froilán, de Cáritas", indica sor Guadalupe.
El galardón es compartido con sor Nieves Martínez de Osaba Sola, una hermana casi centenaria (ya cumplió 98) y originaria de León, que pasó 62 años de su vida en Lugo.
"Llegó en julio de 1950 al colegio La Milagrosa, donde dio clase de música. Luego se marchó y volvió en 1984 para incorporarse al centro San Vicente. En esta etapa, dirigió el coro de los chicos del centro de discapacidad que participaba en la misa de la iglesia de San Francisco Javier. Un trabajo meritorio porque los chicos, al no saber leer muchos de ellos, tenían que aprender las letras de memoria y no era fácil por su discapacidad", afirmó la superiora, que destacó también de sor Nieves que "es una mujer muy sociable".
Sor Nieves destacó, desde su actual destino en León, su gratitud por este reconocimiento hacia un trabajo "que hacía con amor y alegría". "Guardo unos recuerdos muy cariñosos con los chicos, con los que estaba muy a gusto", dijo.
Fuente: El Progreso